
Preludio 1
¿De qué depende el porvenir del psicoanálisis?
“El psicoanálisis no triunfará, sobrevivirá o no”[1]
Lacan se preguntó por qué alguien, después de constatar a qué queda reducido el analista al final de un análisis, aun así, elige la “aberración” de ocupar ese lugar para otro.[2] La respuesta debe encontrarse en cada caso, pero podemos arriesgar un punto en común: el deseo de que el psicoanálisis, tal como se lo ha experimentado, sobreviva para las generaciones venideras.
A diferencia de otros discursos, el discurso del analista no se sostiene en los avances de la civilización que, la mayoría de las veces, están al servicio de un no querer saber nada sobre la falta estructural del ser hablante. Vivimos en la era prevista por Lacan, en la que el casamiento entre la tecnociencia y el discurso capitalista produce el colmo de la segregación, acompañada de la forclusión de las cosas del amor y del deseo a favor de la promesa de erradicar la falta.
¿Qué espacio queda, en medio de todo esto, para un discurso que convoca a cada uno a asumir su responsabilidad ante el agujero? En un mercado donde se vende todo tipo de promesas de completud, ¿qué podría ofrecer el psicoanalista, aquel que solo tiene para ofrecer la falta?
Lacan deja una pista: “todo depende de que lo real insista”.[3] Pero ¿no será necesario aún que, cuando el programa falle, alguien circule en el mercado para sostener la oferta de otra salida posible? “Un análisis es lo que se espera de un psicoanalista”,[4] dice. Es decir, es necesario que haya psicoanalista para sostener un análisis, pero también es necesario el análisis para que haya analistas.
Así, para quien se dispone a ocupar ese lugar, es necesario comprometerse con el propio análisis hasta el punto en que pueda advenir un deseo que no ceda ante los llamados de las ideologías y que permita otro modo de satisfacción. Pero también es necesario, como afirma Nguyên,[5] resistir — no como un muro frente a una inundación —, sino en el sentido de retomar los fundamentos de la dirección de la cura, afirmando su extraterritorialidad en medio de los otros saberes.
Es el movimiento que el propio Lacan realiza en “La dirección de la cura y los principios de su poder”,[6] al presentar cuestiones que eran las de su época y que los invito a actualizar: ¿cuáles son las desviaciones a las que el psicoanálisis está sometido hoy? ¿En qué punto estamos con la hipótesis lacaniana del trauma y de la repetición? ¿Los entendemos como consecuencia de un Otro que goza y somete, o a partir de los efectos de la subordinación del sujeto a un significante? ¿Quién analiza hoy? ¿Aquel que interpreta a partir de una lectura social del síntoma, o aquel que interpreta sacando provecho de la transferencia? ¿Y qué decir del lugar del analista en la cura? ¿Sostenemos el lugar de falta-en-ser que Lacan le reserva o caemos en las trampas de hacer uso del poder que la transferencia nos concede?
Es ante este escenario que el tema de nuestro VII Simposio Interamericano IF-EPFCL —“Desafíos actuales de la dirección de la cura”— tiene toda su relevancia. Es un verdadero llamado a retomar los fundamentos de nuestra práctica si queremos estar a la altura de sostener el discurso analítico en la babel de la subjetividad de nuestra época.
Y entonces, ¿nos vemos en Fortaleza para hacer avanzar estas preguntas?
Lia Silveira
Psicoanalista, AME de la EPFCL, miembro del FCL - Fortaleza.
[1] LACAN, J. A Terceira, 7.º Congreso de la École Freudienne de Paris, 1974.
[2] LACAN, J. O Saber do Psicanalista, lección del 1 de junio de 1972.
[3] LACAN, J. A Terceira, op. cit.
[4] LACAN, J. El Seminario, libro 17 — El reverso del psicoanálisis, clase del 14 de enero de 1970.
[5] NGUYÊN, A. En attendant Lacan... Paris: Éditions Stilus, 2025.
[6] LACAN, Jacques (1958). “La dirección de la cura y los principios de su poder”. En: LACAN, Jacques. Escritos. Río de Janeiro: Jorge Zahar Ed.
